Clorofilïa

Ildefonso Martín


La serie abre la colaboración de Los Interventores con este artista malagueño que presenta con este trabajo el amor en el estadio más alto, donde el verdor es la metáfora de lo sublime y lo efímero. Piezas que recomponen un particular mapa del deseo.

17 de junio – 15 de septiembre de 2015
Galería Lacasarosa Málaga

 

Esta obra apela a la naturaleza, la juventud y el cuerpo. De la misma manera que la naturaleza sufre una metamorfosis con la llegada de la primavera también se produce en nosotros un cambio a nivel orgánico que modifica la manera de percibir nuestro entorno y la manera en la que somos percibidos. El paisaje se torna verde y la vida se impone; nosotros como parte del juego nos entregamos a ella en su plenitud.

En un ejercicio de sincretismo donde relaciono mi “primavera emocional” con la primavera estacional, surge el punto de arranque que me lleva a producir esta serie. Intento con ella desarrollar la manera en la que percibo mi entorno más inmediato e íntimo en una etapa de mi vida. Estas pinturas son postales de un viaje emocional, fragmentos intervenidos de sus paisajes, de sus picos más elevados hasta el momento. Existe en todo ello una intención por capturar esos momentos efímeros de intensidad y exuberancia, esos destellos de vida y juventud que disfruto desde la contemplación de lo cotidiano y que simultáneamente me recuerdan que este viaje como todo proceso tiene un fin.

La sensualidad aparece de forma inevitable como parte de la belleza natural del cuerpo, pero no con una intención de exhibicionismo erótico. Así el cuerpo desnudo juega un papel protagonista en esta obra como belleza natural y como verdad absoluta. A partir de él busco aspectos destacados del paisaje emocional que contemplo (fuerza y fragilidad) y del que soy cómplice y partícipe, seleccionando y representando sólo los detalles que me detienen.

Como en un paisaje primaveral en el que el verde lo domina todo, en Clorofilïa el verde es el color que inunda la imagen. Desde el prisma visceral tras el que observo, establezco vínculos entre el color y la energía que absorben y reflejan nuestros cuerpos.

Igual que una planta cuando realiza la fotosíntesis se alimenta de la luz solar, nuestros cuerpos también se alimentan de nuestras emociones y estimulan nuestros sentidos.

Esta idea surge cuando un mediodía de mayo al llegar a casa veo a mi pareja desnudo tomando el sol en la terraza. Es a partir de este momento cuando mi mente se dispara y asisto y disfruto de una manera más consciente lo que estoy viviendo. Hago fotografías, dibujos y también busco en más fotos, apuntes y pinturas del año anterior ese destello que estoy presenciando hasta que creo identificarlo.

La reflectancia, capacidad de absorber y reflejar luz, tiene aquí connotaciones emocionales, en cuanto a los estímulos que provoca la luz que proyectamos y más concretamente los que percibimos a través del cuerpo amado. Aparece algunas veces representada de forma esquematizada en módulos geométricos como síntesis de ese destello que encontramos en la naturaleza y por consiguiente en nuestros cuerpos, estableciendo un diálogo entre luz/geometría y cuerpo/emoción. Para su construcción me basé en un ejercicio sencillo de simetría axial. Este ejercicio consiste en calcular la trayectoria de un rayo de luz sobre una superficie reflectante a partir de un foco de luz dado y el punto de rebote sobre dicha superficie (eje), repitiendo el proceso y modificando los parámetros iniciales se obtienen las redes modulares. El número de estructuras posibles y el valor de su belleza y sencillez es infinito como lo son las percepciones ante los estímulos emitidos por la luz de nuestros cuerpos.

En su ejecución, las herramientas que empleo también han jugado un papel esencial. Con la pintura digital el proceso de síntesis del color es siempre una simulación de la síntesis sustractiva ya que en realidad cuando pinto con esta técnica estoy pintando con píxeles que no son otra cosa más que luz. Esto me acerca todavía más a la idea de pretender retratar los destellos de ese viaje emocional que mencioné anteriormente y convierte al proceso digital en el vehículo perfecto para desarrollarlo. La aparente técnica académica que empleo, tampoco lo es realmente puesto que se trata de una simulación más, la manera en que se mezclan colores para obtener las distintas tonalidades, texturas, formas y volúmenes en lo digital es muy distinta de la física, aquí he realizado un trabajo de “traducción” de lenguajes plásticos para poder conseguir el resultado final. Podría decirse que mi obra es un doble artificio en el que la pintura no es pintura sino luz simulando ser pintura.

Clorofilïa es hasta ahora mi obra más íntima y personal en la que exploro el primer verdor, el primer brote, del inicio de mi relación con mi pareja. Cómo aparece en el video que acompaña a la serie de pinturas, se trata de una subida pausada donde cada paso me eleva a un punto más alto, en el que amo y soy amado.

Ildefonso Martín